El viejo indecente


-Don´t try! le gritaba Hank a quien deseaba liarse a golpes con él detrás del bar. No era particularmente violento, pero a sus dieciséis años y medio hubiese querido noquear o matar a su padre como buen hijo de Satanás. No logró hacerlo. Quizá en parte porque prefirió rivales de mayor peligrosidad como la literatura o las mujeres. Me refiero a Charles Bukowski o quizá deba escribir Henri Chinaski, su alter ego. El personaje mediante el cual podía escupir en la cara de los editores; conducir ebrio por el highway de regreso del hipódromo de Santa Anita mientras escuchaba la tercera sinfonía de Mahler; arrojar una radio indestructible por la ventana en las noches calurosas; copular con un amante de tigres, boas y lobos o con una androide monumental que alquilada el dueño de un hotel ubicado en las cercanías de un desierto innombrable; ir al teatro «Roxy´s» -de sólo ocho filas- para observar a Darlene hacer un striptease donde se combinaban el sonido de una diminuta orquesta, un público sicalíptico, una tanga con brillantes, cortinas raídas en el escenario y un clímax insoportablemente frenético.

La ficción y pasajes autobiográficos embonan a manera de engranes de relojería fina en sus novelas, relatos y poesías. Poesía que está por demás clasificar; pues sería ocioso catalogar eruditamente algo como esto: «La ilusión es que simplemente estás leyendo este poema/ La realidad es que esto, es más que un poema; es la navaja de un mendigo, es un tulipán, es un soldado marchando, atravesando por Madrid/ Eres tú, en tu cama muerta, es Li Po riendo bajo tierra/ Esto no es un cabrón poema, es un caballo dormido, una mariposa en tu cerebro/ Esto es el circo del diablo/ Tú no estas leyendo esto en una página, la página te lee a ti; ¿lo sientes? Es como una cobra, es un águila furiosa, dando vueltas en el cuarto/ Esto no es un poema, los poemas son ásperos, te hacen dormir/ Estas palabras te fuerzan a una nueva locura/ Has sido bendecido, has sido empujado a un área ciega de luz/ El elefante sueña contigo ahora. La locura del espíritu se inclina y ríe/ Puedes morir ahora, puedes morir ahora como la gente que quiso morir: En victoriosa grandeza, oyendo la másica, siendo la música… rugiendo rugiendo rugiendo».

También quiero resaltar, en el caso del Señor Bukowski, es que fue un gran conocedor y artesano de los efectos que suministra -sólo en algunos literatos- el abasto constante de cerveza, vodka seven y vino de buena cepa a la zona hepática y creativa. Su disciplina para disfrutar el sexo, amar a su hija, ingerir alcohol, desarrollar úlceras gástricas y estar al borde de la muerte a los cuarenta y tantos años para después dedicarse de lleno a escribir fue «envidiable». Pero más envidiable resulta su actitud. Un espíritu combativo y undergroud que jamás perdió; ni siquiera en sus últimas obras como Pulp y el Capitán está fuera y los marineros tomaron el barco. Textos que reflejan la madurez de un gran guerrero que podemos resumir con sus propias palabras: «Aire, Luz y espacio no sirven… no hijo, si vas a crear, vas a crear trabajando 16 horas por día en una mina de carbón… vas a crear aunque te falte parte de tu mente y de su cuerpo, vas a crear ciego, mutilado, loco… vas a crear mientras la ciudad tiembla en terremotos, bombardeos… hijo, aire y luz y tiempo y espacio no tienen nada que ver con esto y no crean nada… excepto quizás una vida más larga para encontrar nuevas excusas para no hacerlo».

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