De la lucha libre como Olimpo enmascarado (VII y última)


Texto: Carlos Monsiváis*

Fotografías: Lourdes Grobet

“El kitsch: La resurrección de la carne en siete colores ¡Oferta de temporada!”. A Lourdes Grobet le interesa esa búsqueda pese a todo de la estética deslumbrante que suele llamarse kitsch. Y su acercamiento es el justo en la medida en que no se burla, no patrocina, no exhibe a contracorriente la superioridad su criterio. Lo que hace, y con habilidad extrema, es acopiar los testimonios de la estética que surge entre perros de la cerámica ostentosa, smokings de fantasía y sinceridad abrumadora (los trajes de la etiqueta “rigurosa” no son mejores y son más insinceros), cromatismo enloquecido que impulsa la destrucción de quien lo contempla (no se convierte en piedra, porque no hay Medusa, pero ya sólo se confía en lo estrepitoso).

Huracán Ramírez

Solar

Blue Demon

Blue Demon posa para Grobet y la fotografía registra el modo en que el luchador traslada a su ropa flamígera la idea de ascenso social; los tres luchadores se entregan a la orgía de la ropa y los colores porque sólo así aquilatarán algún día el ascetismo y la huida de lo protagónico, en la medida en la que el traje de un luchador puede ser interpretado como una conflagración espacial. En la fascinación de Gobet por el kitsch se despejan las brumas del enigma: tratándose del kitsch, ninguna imagen es nueva y, tampoco, ninguna es vieja. El kitsch no tienen edad porque, por así decirlo, es la dinamitación del buen gusto a costa de los reconocimientos del porvenir.

Fray Tormenta

La Briosa

Siglo XX

“Respetable público: se le suplica guardar silencio para que se oigan los golpes”. En las fotos de Lourdes Grobet no queda duda: la lucha libre, con sus cien o ciento diez años en América Latina, no sólo se ha iberoamericanizado a plenitud, también es un género gozosamente arrabalero, donde las fantasías del niño y el adolescente colectivos mantienen su poder encandilador y su ánimo de fiesta. Allí, afantasmados, intervienen los juegos Olímpicos, los ritos de tránsito, el carnaval, el delirio escénico, las representaciones sacramentales a toda velocidad, el amor a los acontecimientos del cuadrilátero.

Enrique Vera

Rayo Tapatío

Una y otra vez, la elocuencia de la máscara. Los rasgos no quedan abolidos sino eternamente pospuestos; la identidad no se disfraza, se reconvierte; el rostro inolvidable no se ausenta, adquiere otra contextura. Gracias a la máscara, la lucha libre nos recuerda lo obvio: los dones fisonómicos también son sujetos de concertación y, por lo mismo, las apariencias no sólo engañan, también dicen su verdad por otros medios. Y Lourdes Grobet toma las fotos del eterno retorno de las patadas voladoras, mientras sus personajes se inmovilizan en el aire del apretujamiento alrededor del ring.

Los Brazo

Cuchillo

Destructor Nazi

Los Villanos I y II rodean a su hermano Rocambole, futuro Villano V

Bull Power

Brazo de Oro

Dorrel Dixon

Tinieblas, Alushe y Tinieblas Jr.

Brazo de Plata

Lyn May y El Santo

*Fragmento del prólogo publicado en “Espectacular de Lucha Libre. Fotografías de Lourdes Grobet”. Coedición: Trilce, Océano, Unam.

De la lucha libre como Olimpo Enmascarado (VI)
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2 comments

  1. quiero agradecer asestos luchadores que para mi fueron lo mejor no hay comparacion con los americanos y desgraciadamente haora la lucha libre mexicana es solo fantocheria, por favor empresas mexicanas de lucha libre hagan lo hacian de los antiguos luchadores, verdadera lucha libre no solo vender su imagen. de todo corazon y que dios tenga en su gloria a aquelos luchadores que sabian dar el corazón por su gente dios los bendiga. y espero los luchadores de hoy en mexico puedan tomar un poco de cultura de estos exluchadores.

  2. chingonas las fotos gracias por compàrtirlas

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