El Oro, EdoMéx. Paradigma indiciario e historia


Para Christian, por invitarme a recordar tiempos pasados. La historia que yo estudié hace años teóricamente es diferente a la más reciente, preparando algunos materiales para mis nuevos cursos en los que se prioriza el estudio de la microhistoria   me enteré que existía un paradigma indiciario  y que en términos muy generales responde a lo siguiente: una construcción, una danza, cualquier hecho cultural, residuo material son indicios que nos remite, si sabemos indagar, a conocer algo que hubo, existió o sucedió en el pasado, esto es lo que nos permite reconstruir la historia.

Un magnífico ejemplo es el caso de El Oro, municipio del Estado de México, baste admirar los murales que se localizan en el centro de la población para explicarnos la historia de la comunidad.

El trabajo minero desde la época prehispánica ha sido una de las actividades económicas fundamentales y lógico, la manera de extracción y manejo de los metales también, el relieve exterior irregular y montañosos como corresponde a los centros mineros que en la época colonial se denominaron reales de minas por ser los reyes quienes controlaban todo lo relacionado con la adjudicación y explotación de los fundos mineros.

 En el siguiente tablero relacionado con la población encontramos un elemento íntimamente relacionado con la producción minera, el ferrocarril que  fue el transporte fundamental para relacionar a El Oro con el resto del territorio y enviar a amalgamar sus metales  o para mover lo que extraían al interior.   

Símbolo de la modernidad, la red ferroviaria del Porfiriato alcanzó su más amplia extensión  y como observamos en el mural, otorgaba servicio a los diversos grupos sociales que, agrupados en la estación, esperaban el servicio mientras los pudientes contaban con sus transportes propios.

Caminado por las irregulares calles de la población encontramos otro indicio más que evidente, la ex estación del ferrocarril que realizaba un recorrido de Tultenango , El Oro, San Onofre y Yondesé, desde el primer punto se podían conectar para viajar a la ciudad de México, esto con respecto al transporte de pasajeros.

La estación sigue el mismo modelo constructivo de otras estaciones ferroviarias  en el país, materiales de la región para los muros y recubierta de lámina para los techos, la lámina que nos podría parecer hoy, un material de “baja” calidad pero que a inicios del siglo XX representó uno de los grandes avances en la arquitectura de hierro, era la arquitectura del futuro, la ligada a la industria.

Frente a la estación se colocó un museo en carros del antiguo ferrocarril, que muestra de manera fehaciente que el trasporte por tren fue fundamental para la población.                    

 Un elegante edificio, el teatro, nos habla de  que en la población hubo los recursos económicos suficientes no solo para su construcción, sino para la presentación de actividades artísticas que implicaban la erogación de dinero excedente.                                                          

Si los indicios anteriores no nos “hablaran” de un desarrollo específico de la población, bastaría el palacio municipal para convencernos  de ello, es una arquitectura ecléctica que lo mismo echa mano de arcos de medio punto, de pilares almohadillados,  de frontones curvos así como de buhardillas a la manera francesa y en cada esquina una construcción a manera de torreón rematados con pináculos, ajeno por completo a las construcciones locales.

Incluso la traza de la población es diferente a las renacentistas, todos estos elementos deben ser un motivo de indagación ¿Les interesa profundizar, conocer más?

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