Fauna prehispánica en los murales del convento de Malinalco


Hace tres meses recibí la invitación de un grupo de jóvenes para realizar un vídeo acerca del convento de Malinalco, dado que lo que nos congregaba era el interés por divulgar, a través de diversos medios, la riqueza cultural de los ex conventos del siglo XVI, de inmediato acepté así que establecimos una cita en la población del sur del estado de México para realizarlo.

Como para fortuna mía tengo amigos con casa allá, me fui desde el día anterior para tomar algunas fotografías de detalles que no tenía y otros que si pero deseaba darles otro enfoque, así que decidí ahora enfocarme principalmente a la fauna prehispánica que se encuentra en los murales y que son prueba irrefutable de lo que ya había argumentado en anteriores textos,  que tiene que ver con el arte tequitqui que allí se localiza.

Este animal es el tlacuache que  de acuerdo al texto de Francisco Javier Clavijero es “El tlacuatzin, que en otras partes tiene nombre de churcha, zarigüeya y oposum, se halla descrito por muchos autores, y es bastante célebre por aquella bolsa o membrana que tiene la hembra desde el principio del estómago hasta el orificio del útero, con una abertura en medio, dentro de la cual deposita a los hijuelos después de paridos y los sustenta a sus pechos bien resguardados, hasta que habiendo crecido abre la bolsa y en cierto modo vuelve a parirlos”.

Por su parte Fray Bernardino de Sahagún  comenta que… este animalejo no sabe morder ni arañar, ni hacer  algún daño aunque lo tomen, y cuando lo toman chilla y llora, y sálenle las lágrimas de los ojos como a persona, cuando los hijos chilla mucho , y llora por ellos… Esto es únicamente en cuanto a la descripción que hicieron algunos de los mejores cronistas coloniales, falta explicar el lugar importante que guardaba dentro de la cosmogonía prehispánica.

Por buen tiempo me interesó esta otra especie y en la página 26 del libro primero de la Historia antigua de México nos dice que el cacomixtle es un cuadrúpedo o de la misma especie o al menos la misma clase de las garduñas. Es de la magnitud y figura de un gato, pero de cuerpo más grueso, de pelo más largo, de piernas más cortas y de un aspecto fiero y salvaje. Su voz es un chillido agudo y su alimento las gallinas y otros animales pequeños. Habita y cría en los agujeros de las paredes y en los templos, detrás de los retablos. De día ve muy poco y no sale de su madriguera sino en la oscuridad de la noche a buscar su sustento.

Quizá el que se robe las gallinas y los huevos para poder comer, haya sido una razón para que en el lenguaje coloquial de mediados del siglo pasado se haya usado el término caco para referirse a los policías, por aquello del robo, digo yo.

En cuanto al colibrí no tengo una descripción sin embargo en la Historia Antigua de México, en el capitulo referente a la religión de establece que para algunos grupos, sobre todo los cultos, existía el alma. “Tres diferentes lugares y destinos señalaban a las almas. Creían que las de los soldados que murieran en la guerra  o prisioneros en poder de sus enemigos, y las mujeres que morían en el parto, iban a la casa del sol, que imaginaban señor de la Gloria, en donde pasaban una vida deliciosa,; que diariamente a la salida del sol festejaban su nacimiento…pasados cuatro años de aquella vida gloriosa, pasaban las almas a animar nubes y aves de hermosa pluma y de canto dulce, quedando ágiles y libres para remontarse sobre el cielo y bajar a la tierra a cantar y chupar flores” de allí la importancia del colibrí.

Los perros eran de suma importancia como elemento de compañía, alimento, religioso y en diversos ordenes  por ello Sahagún hizo una descripción prolífica de ellos. .”Los perros de esta tierra tienen cuatro nombres: llámanse Chichi, xochiocóyotl y tetlamín, y también teuízotl. Son de diversos colores, hay unos negros, otros blancos, otros cenicientos, otros buros, otros castaños oscuros, otros morenos, otros pardos y otros manchados.

Hay algunos de ellos grandes, otros medianos, algunos hay de pelo lezne, otros de pelo largo, tienen largos hocicos, los dientes agudos y grandes, las orejas cóncavas y pelosas, cabeza grande, son corpulentos, tiene uñas agudas, son mansos y domésticos , acompañan y siguen a su amo o dueño, son regocijados, menean la cola en señal de paz, gruñen, ladran; bajan las orejas hacia el pescuezo en señal de amor, comen pan y mazorcas de maíz verdes, y carne cruda y cocida, comen cuerpos muertos, comen carnes corruptas.

Criaban en estas tierras unos perros sin pelo ninguno, lampiños, y si algunos pelos tenían eran pocos. Otros perrillos criaban que llamaban xoloitzcuintli, que ningún pelo tenían, y de noche abrigándolos con mantas para dormir…”

En esta fotografía están representados los símbolos fundamentales de la cosmovisión azteca.

Clavijero por su parte nos informa que “Todos los simios que hay en aquel reino, son conocidos por los mexicanos como Ozomatli, y entre los españoles con el de mono. Hailos de diferente magnitud y figura, unos muy pequeños y singularmente traviesos y graciosos, otros medianos, de la corpulencia de un tejón, entre los cuales hay algunos que pertenecen a la clase de los cinócefalos, por tener la cabeza de perro. Otros hay grandes y fuertes, feroces y barbados, se llaman zambos. Estos puestos, como hacen regularmente, en dos pies, igualan algunas veces la estatura de un hombre”.

Aquí se encierran otros signos emblemáticos de los aztecas, la flor de cuatro pétalos que encontramos en vasijas desde el preclásico en el altiplano central y que fue un motivo recurrente así como la planta de la parte de atrás que es un lirio acuático que tiene que ver con un símbolo solar. Las garcetas eran además parte fundamental de la fauna lacustre de los grandes lagos de México Tenochtitlan.

En cuanto a este detalle debo comentar que lo tomé para ilustrar dos elementos fundamentales: por un lado esta especie de interrogación que se localiza al centro que era la vírgula del habla en el México prehispánico, ricamente ornamentada

Y libando en las flores laterales la representación de las abejas, en especial las meliponas de las que Clavijero dice: “De abejas hay por lo menos seis diversas especies. La primera es de las más comunes de Europa, de las que no se diferencian ni en la magnitud y color ni en su naturaleza y costumbres, ni en la calidad de miel y de la cera que fabrican. La segunda especie es de una semejante en todo a las antecedentes, pero sin aguijón. De esta especie ( meliponas) son las de Yucatán, que fabrica la celebrada miel de estabentum, cuyo nombre pasó también a la miel…”

Estas abejas producen en la actualidad uno de los productos de exportación por su calidad y poderes curativos, sin embargo, están en peligro inminente de desaparecer debido al uso de transgénicos y en general de todos los insecticidas producidos por laboratorios como Monsanto, Singenta, miles de años de vida a cambio de ganancias para las trasnacionales!

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