Profanos en el convento


El Doctor y Nahui se perseguían desnudos a través del convento. Después de cuatro años aun seguían correteándose en el frío que se aloja en los volcanes y la madrugada. Eran apasionados de la mejor calaña. 

Gerardo Murillo y Carmen Mondragón fueron también –como tantas parejas en la historia de la cultura y el arte mexicanos- adictos al género epistolar. Hojas, caligrafía y pensamientos provenientes de la entrepierna enviados desde la clandestinidad. La clandestinidad y la entrepierna parecen una mancuerna difícil de ignorar.

Decenas de cartas llegaron hasta los portones del convento de la Merced; lugar donde el Dr. Atl erigió su cuartel, su estudio, su palacete prohibido. Eran documentos de los cuales el mismo profano expresaba: “Mi celda de la azotea se había convertido en una sancta-sanctorum del amor… estaba colgado un retrato y delante varias mesas con las cartas desplegadas… varias semanas duró la lectura y el ordenamiento… eran más de seiscientas, escritas en español unas y en francés otras…en estos centenares de páginas semira y se siente el desarrollo de la pasión, sus paroxismos, sus amarguras, sus despechos”.

Les comparto varios fragmentos de ellas, con el único afán de conocer un poco más las entrañas de Nahui Ollin:

“VII.- Pierre te he amado tanto en el calor del lecho y gozado de tu carne –y me has envuelto tantas veces en tus caricias y tan fieramente se ha derramado sobre ti mi lujuria inextinguible- Estoy llena de sangre como un mártir – y mi cuerpo no tiene ya un lugar para otra herida más”.

“XVIII.- Pierre, no pretendas matarme porque si me matases te matarías a ti mismo porque yo soy tu inspiración y tu propia existencia, porque yo soy lo que buscas –la inteligencia y el conocimiento… vuelve a mi porque la lujuria preside mi vida –soy tuya no únicamente en mi carne si no en mi espíritu”.

“XIX.- Puedes deturparme, puedes escribir contra mi en estos inmundos periódicos liberales y puedes reírte de mis amenazas, pero lo que no te he tolerado no puedo tolerar jamás es tu infidelidad, tu engaño. Odio a los cobardes como tú, porque yo soy franca, sincera, brutal como todo lo que es grande, como todo lo que es único. Mi belleza y mi inteligencia no han podido ni podrán ser nunca comprendidas por hombres como tú vil y rastrero que vive de la limosna intelectual y de los plagios ¡pobres de tus enfermos!”

“XXI.- Pierre como de un criminal he huido de ti sin volver la cara…eres un asesino que lleva en tu ayate la sangre de una inocente… mi cuerpo maravilloso te lo ofrecí como holocausto… y mi cuerpo te regalé para que lo desearas y extrajeras de los centros nerviosos la electricidad que el universo ha concentrado en ellos… y para que nunca mi sabiduría pudiese parecer una imposición, mis palabras y mis pensamientos se volvieron caricias, caricias de niña inocente que salía de la perversidad para no hacerte daño”.

“Eugenia es tuya para siempre”.

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Gerardo Murillo en el templo del Carmen

Nahui corre desnuda a través del convento. Después de cuatro años aun sigue corriendo en el frío que se aloja en los volcanes y la madrugada.

Si te interesa, puedes leer: Gente profana en el convento, escrito por el Dr. Atl.

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