Parábola de los colores


¿Dón termina el arco iris

en tu alma o en el horizonte?

Pablo Neruda

Sofia creía que cuando sus abuelos eran niños, el mundo era todavía blanco y negro. Nos percatamos de ello cuando escuchamos que la niña de 5 años les preguntó cómo eran las cosas antes de tener color. El cine de la época de oro era prueba irrefutable y la niña se preguntaba cuándo y sobre todo, de qué manera, se había vuelto todo el mundo de colores.

A Sofía no le faltaba razón; pues visto más profundamente, tal vez así son las cosas y; como Dorothy en el mago de Oz, hay un momento en el que llega el color a nuestras vidas

Sin embargo, hay personas para quienes el mundo sigue siendo una película en blanco y negro.  La acromatopsia, rara enfermedad, consiste en una anomalía en las células foto receptoras de la retina, sensibles al color. Como consecuencia, los colores no pueden distinguirse… lo cual nos arroja a la clásica pregunta filosófica: ¿ser es ser percibido? ¿El color está en el ojo de quien lo percibe o el mundo es de colores, aunque nadie los vea?

Después de todo, kantianamente entendido, no vemos las cosas como son, sino como somos nosotros…

Si me dejan ponerme un poco kantiana (solo por un párrafo, lo prometo) los datos que recibimos de los sentidos, necesariamente tienen que configurarse de acuerdo a lo que somos capaces de comprender y de organizar…y el conocimiento es la mezcla entre lo que dan los sentidos y lo que da nuestra estructura cognoscitiva.

Por eso, cuando describimos lo que vemos, en realidad nos describimos a nosotros mismos, con todo y paradigmas, prejuicios, percepciones y un largo etcétera. La buena noticia es que de ahí precisamente surge la necesidad de reflexionar sobre nuestra manera de percibir; lo cual es una oportunidad de “poner más color a nuestro mundo”. Y de contrarrestar la monocromía como principio de exclusión. Así, al permitir la entrada de color, es mi mundo el que se expande y yo soy quien se enriquece.

Dicho en otros términos no científicos, sino retóricos, cuando una luz blanca atraviesa un prisma, su luz se descompone en un abanico de colores.

Goethe, el gran escritor romántico, en su “Teoría de los Colores” enseña que debe diferenciarse entre el espectro de colores y la percepción humana. Para el autor de “Fausto”, el color tenía una suerte de efecto moral y podía subordinarse a los más altos fines estéticos:

 “Si bien los colores y la luz guardan entre sí relaciones exactísimas, tanto aquellos como ésta pertenecen en un todo a la naturaleza; pues a través de ellos la Naturaleza quiere manifestarse particularmente al sentido de la vista”.

Ilustración sobre la teoría del color de Goethe

Evidentemente, las reflexiones del poeta, en su momento supusieron una polémica con la ciencia newtoniana. Pero casi dos siglos después, las ideas sobre las emociones y los colores rondan en los estudios de la psicología del color, recordándonos que las personas somos seres irremediablemente relacionales; y que el color puede influir en la manera en cómo nos sentimos.  

Aunque su apreciación es una experiencia eminentemente subjetiva, la psicología del color muestra que ciertos colores evocan sentimientos y estados de ánimo más fuertes que otros, lo que podría condicionar el comportamiento y las emociones.

Dicen los que saben que es prácticamente imposible fabricar una tinta o pintura totalmente monocromática porque, en realidad, lo que hace un pigmento es absorber unas determinadas longitudes de onda y reflejar otras. Así, en el mundo, la riqueza está en la policromía…la diversidad de colores.

A quienes se niegan a distinguir la policromía, caería bien una deconstrucción del mundo como kantianamente les es conocido. Dicho en términos de Derridá, ante la dictadura del canon plantear la democracia de la polisemia, estableciendo que el acto de lectura genera infinitas diseminaciones (que se atrevan a distinguir los múltiples significados, pues).

En varios momentos de la historia, los colores del arcoíris han sido retomados como símbolo de cambio y esperanza: desde la promesa bíblica como símbolo de la alianza entre dios y los humanos, hasta la bandera LGBTQ+ de la diversidad e inclusión.

A diferencia de la acromatopsia visual, que es congénita, la acromatopsia moral podría ser curable pero depende la voluntad y el entendimiento del sujeto. Se puede comenzar recordando las palabras de Charles Chaplin, una de las más grandes estrellas del mundo, cuando este “aún era en blanco y negro”: nunca encontrarás un arcoiris si estás mirando hacia abajo.

@vasconceliana

Categories: Filosofía, literatura y música, María del Pilar Torres

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